Roman Holidays | Turismo Roma
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Roman Holidays

 

DÍA 1   

Via dei Fori Imperiali
Foro Romano
Colosseo
Arco di Costantino
San Pietro in Vincoli
Quartiere Monti
Via dei Serpenti
Via Nazionale
Palazzo delle Esposizioni
Galleria d’Arte Moderna 
Trinità dei Monti

Te recomendamos que empieces el tour desde la via dei Fori Imperiali, una calle trazada en 1932 que atraviesa la principal zona arqueológica de la ciudad: un auténtico museo al aire libre. Tras un breve paseo llega hasta el Foro Romano que, monumentalizado sobre todo a partir de la época republicana, era el corazón de la vida política y religiosa de la ciudad. Un tesoro arqueológico: desde el Templo de Saturno hasta el Arco de Tito, desde la Regia (área antiquísima con funciones de cementerio y sagradas) hasta el Templo del Divino Julio, el Arco de Septimio Severo o el Templo de los Dioscuros. Recorriendo el Clivio Palatino, a la derecha del Arco de Tito, puedes subir a la colina más antigua de la ciudad. La tradición y las fuentes revelan que Roma fue fundada precisamente sobre el Palatino, donde se construyó la llamada Roma Quadrata. Las excavaciones efectuadas durante los años ochenta del siglo XX sacaron a la luz los restos de este primer cinturón fortificado. Aquí, a partir de Augusto, los emperadores construyeron sus suntuosas moradas sobre los restos de lo que se pensaba que era la casa de Rómulo, su fundador. Las grandiosas ruinas de los palacios de Augusto, Tiberio y Domiciano siguen dominando el valle del Circo Máximo, estructuras de cincuenta metros de altura que regalan unas vistas únicas sobre la ciudad.

El tour continúa con la visita al Coliseo (Colosseo). El Anfiteatro Flavio es el monumento más imponente y famoso de Roma, inaugurado en el 80 d. C. por el emperador Tito, que proclamó hasta cien días de fiesta para la ocasión. Algunas cifras: la altura del anillo exterior mide casi 50 metros; el diámetro mayor de su planta elíptica mide 188 metros, y el menor 156. La capacidad del Coliseo no ha sido determinada con seguridad, pero se calcula un número aproximado de 73.000 espectadores. Los espectáculos eran públicos y gratuitos, se llamaban munera (del latín munus, «ofrenda») o Ludi Gladiatori; consistían en duelos mortales o caza de animales bravos. Los romanos adoraban estos juegos y a menudo los gladiadores se convertían en auténticos héroes del público, admirados como los actuales campeones del deporte. Los gladiadores – cuyo nombre deriva de gladium, la espada corta que usaban en el ruedo – eran elegidos entre esclavos, criminales y prisioneros de guerra. Si conseguían sobrevivir a los duelos que debían combatir, podían redimirse y llegar a ganar ingentes cantidades de dinero. Al lado del anfiteatro se alza el Arco de Constantino, el más grande y mejor conservado de todos los arcos romanos: se terminó en el 315 d. C. para celebrar la victoria en Majencio de Constantino, el primer emperador cristiano; la estructura es básicamente un conjunto de esculturas y partes arquitectónicas provenientes de diferentes monumentos.

Tras la visita al Coliseo, puedes continuar por la via dei Fori Imperiali en dirección a Piazza Venezia. A mitad del recorrido gira a la derecha por via Cavour, por dos buenos motivos. Primero: una vez en ella, después del primer semáforo, una escalinata lleva hasta la iglesia de San Pietro in Vincoli, donde podrás admirar el Moisés de Miguel Ángel. Segundo: a la altura de la escalinata pero en la acera de enfrente, se abre el barrio de Monti que, aunque más pequeño y menos turístico que otros, conjuga la modernidad con el encanto de la tradición. A pesar de su historia – en época de la antigua Roma era la Suburra, es decir la zona de la ciudad reservada a la plebe urbana – hoy es un enclave de jóvenes artistas. Paseando por sus calles empedradas encontrarás numerosas trattorías típicas, restaurantes étnicos y vinerías donde relajarte al término de esta intensa mañana.

Después de comer te recomendamos que recorras la preciosa calle de via dei Serpenti, llamada así por la presencia de una hornacina votiva de la Virgen que pisa una serpiente, o porque en uno de los edificios del barrio estaba pintado el célebre grupo del Laocoonte envuelto por las serpientes, tras el hallazgo de la estatua en el Colle Oppio (Monte del Opio) en 1506, cerca de la villa de Nerón, la Domus Aurea. Al final de este breve paseo llegas a via Nazionale; te divertirás viendo escaparates y haciendo algunas compras en las numerosísimas tiendas de las mejores marcas de moda. A lo largo de via Nazionale te encontrarás con el Palacio de Exposiciones (Palazzo delle Esposizioni). Diseñado por Pio Piacentini en estilo Neoclásico, se inauguró en 1883 para acoger la exposición universal de Bellas Artes.
Si te interesa alguna de las muestras en curso entra, pero si tienes que elegir entre las numerosas alternativas que te ofrece la ciudad, te aconsejamos que cojas un autobús para llegar hasta la via Francesco Crispi (¡son 800 metros a pie!) donde podrás visitar la Galería de Arte Moderno (Galleria d’Arte Moderna). Un museo que conserva un valioso patrimonio para la historia del coleccionismo y del arte de Roma desde principios del siglo XIX hasta la primera mitad del XX. Podrás admirar, además del emblemático Cardinal Decano de Scipione de 1930, obras del Realismo Mágico, del Segundo Futurismo y de la corriente de la escultura italiana entre tradición y modernidad: Giacomo Manzù, Carlo Carrà, Enrico Prampolini, Arturo Martini y Giorgio Morandi son algunos de los artistas que documentan el arte italiano en sus numerosas facetas y en la relación dialéctica con las vanguardias europeas.

Si has terminado la visita del Museo al atardecer, no puedes perderte un paseo por viale Trinità dei Monti, con sus magníficas vistas a los tejados y las terrazas de Roma, ¡aún más espectacular que las de Villa Medici, sede de la Academia de Francia.

 

DÍA 2   

Piazza della Rotonda
Pantheon
San Luigi dei Francesi
Piazza Navona
Fontana dei Quattro Fiumi
Sant’Agnese in Agone
Museo di Roma di Palazzo Braschi
Piazza Campo de’ Fiori

Comienza el segundo día de tus vacaciones desde piazza della Rotonda. Aquí, mientras saboreas un capuchino, podrás disfrutar de un espectáculo único en el mundo. Si levantas la mirada caerás rendido ante la grandiosidad del Panteón (Pantheon), uno de los monumentos de Roma que ejemplifica el sincretismo cultural de nuestra ciudad: de templo pagano erigido por Agripa en el 37 a. C. en honor de todos los dioses, fue transformado a lo largo del siglo VII d. C. en la iglesia de Santa María ad Martyres. El edificio, de forma cilíndrica, está recubierto por una cúpula semiesférica de argamasa de cemento, que actualmente sigue siendo la más grande del mundo, decorada internamente con casetones de tamaño decreciente (de abajo arriba) que desempeñan la función de aligerar la estructura. Gracias al grosor de sus muros, cada vez más finos a medida que se sube hacia arriba, la cúpula es una estructura autosostenida con una extraordinaria estabilidad, y está considerada una obra de arte arquitectónico difícilmente imitable. La visita a su interior provoca verdadera emoción: la luz se filtra a través del oculos, de nueve metros de diámetro, que se abre en la parte más alta de la cúpula iluminando la enorme aula central donde se encuentran las tumbas de los reyes de Italia y la del pintor más querido del Renacimiento, Rafael (Raffaello).

Dirígete después hacia via Giustiniani, mediante la cual llegarás hasta la iglesia de San Luis de los Franceses (San Luigi dei Francesi). En su interior, no puedes perderte la Capilla Contarelli (Cappella Contarelli), donde se conservan magníficas telas de Caravaggio dedicadas a la vida de San Mateo. Fueron pintadas entre 1599-1600. En el centro se encuentra la Transcripción del Evangelio, mientras que a los lados encontramos la Vocación y el Martirio de San Mateo, dos telas que ejemplifican de manera eficaz la novedad del lenguaje figurativo de Caravaggio: una transposición actual y realista de la historia sacra, donde la luz se utiliza como protagonista de la escena.

Una vez fuera de San Luis de los Franceses continúa por via del Salvatore y, tras haber atravesado corso del Rinascimento, encontrarás piazza Navona. Un magnífico espacio de forma oval justo sobre el ruedo del estadio de Domiciano, de 250 metros de largo y 65 de ancho. Los edificios que la rodean fueron construidos sobre las ruinas de las gradas. La actual disposición barroca se debe a Inocencio X (1644-1655), entonces Giovan Battista Pamphilj, que quiso celebrar aquí la grandeza de su familia también mediante la construcción del Palazzo Pamphilj. En el centro de la plaza se encuentra la espectacular Fuente de los Cuatro Ríos (Fontana dei Quattro Fiumi), encargada por el Papa a Gian Lorenzo Bernini; la obra representa el dominio de la Iglesia sobre los cuatro continentes hasta entonces conocidos, identificados por ríos magistralmente esculpidos.

Frente a la fuente se alza la preciosa iglesia de Santa Inés en Agonía (Sant’Agnese in Agone), cuyo conjunto fue elaborado por Francesco Borromini que, entre 1653 y 1657 cambió parte del proyecto de Girolamo Rinaldi. Entre otras modificaciones aumentó la distancia entre las dos torres integradas en la fachada e ideó la disposición cóncava de la fachada para resaltar más la cúpula. La plaza y las calles colindantes bullen de cafeterías, vinerías y pequeños restaurantes con mesitas al aire libre; antes de continuar con tu paseo, te recomendamos que elijas uno para un delicioso almuerzo.

Al final de esta agradable mañana por plazas e iglesias, ha llegado el momento de visitar el Museo de Roma de Palazzo Braschi. Este museo, con su heterogénea colección, ilustra los aspectos más destacados de la historia social y artística de Roma desde finales de la Edad Media hasta principios del siglo XX. La vida cotidiana, los oficios, las transformaciones urbanísticas: todo está documentado en las obras de Giovanni Paolo Pannini, Gaspar Van Wittel, Ippolito Caffi y Ettore Roesler Franz.

Una vez fuera del museo no estás lejos de piazza Campo de’ Fiori: una plaza con una estatua de Giordano Bruno en el centro y, en torno a ella, el mercado más colorido de la ciudad. 
Por fin podrás dedicarte a las compras: en las calles que salen de la plaza podrás encontrar tanto las grandes cadenas de moda como talleres de sastrería y tiendas vintage.Cuando acabes tus compras relájate tomando un buen aperitivo en uno de los muchos locales que conforman la plaza.

 

DÍA 3

Basilica di San Pietro
Rione Borgo
Musei Vaticani
Stanze di Raffaello
Cappella Sistina
Castel Sant’Angelo
Ponte Sant’Angelo
Quartiere Trastevere

Si nunca has venido a Roma no puedes perderte el Vaticano y sus barrios colindantes que, en su conjunto, reflejan la cara más representativa de la Roma papal. Dedica la mañana a visitar la Basílica de San Pedro (Basilica di San Pietro). En cuanto llegues a la plaza – en su punto más ancho mide 340 x 240 metros – te darás cuenta enseguida de que estás en el lugar emblema de la Cristiandad. A su alrededor se abre la grandiosa columnata de travertino que, diseñada por Gian Lorenzo Bernini por encargo del papa Alejandro VII (1655-1667), está compuesta por 284 columnas y 88 pilastras. El pórtico, formado por tres galerías consecutivas, se abre a la altura de via della Conciliazione determinando una forma que evoca, tal y como sugirió Bernini, los brazos de la Iglesia que acogen a los fieles. En el centro de la plaza se alza el obelisco egipcio llevado a Roma por Calígula (37-41 a. D.) que, como todos los demás situados frente a las basílicas papales, era un símbolo del poder temporal del Papado. La originaria Basílica de San Pedro, un edificio de dimensiones similares a la actual, se construyó en torno al 320 d. C. con Constantino, el primer emperador cristiano, en el lugar donde según la tradición fue sepultado el apóstol Pedro. En la reconstrucción de sus formas actuales participaron, a lo largo de los siglos y bajo numerosos papas, los mejores artistas del Renacimiento: Bramante, Rafael, Antonio da Sangallo. Pero San Pedro está considerada la obra maestra de Miguel Ángel (Michelangelo), ya que a él le debemos el diseño de la majestuosa cúpula que sorprende por su armonía y su tamaño. Su diámetro interno alcanza los 42 metros y eleva la altura de la basílica más de 130 metros desde la base hasta la parte más alta de la linterna. El interior de la iglesia está lleno de obras de arte musivario y escultórico, obras de los maestros italianos más importantes, desde Rafael hasta Canova. La nave central está dominada por el imponente baldaquino barroco de bronce y mármoles preciados de Gian Lorenzo Bernini, autor también de la magnífica cátedra de Pedro sobre el altar central. La primera capilla entrando a la derecha conserva una de las obras más famosas y admiradas de Miguel Ángel, la Piedad. El maestro esculpió el grupo escultórico con poco más de veinte años (entre 1498 y 1499). Su firma se lee en la banda que cruza el pecho de María, cuyas amplias vestiduras drapeadas contrastan con el cuerpo pulido de Jesús.

Una vez fuera de la basílica te recomendamos que te relajes con un almuerzo característico en una de las muchas trattorías de gestión familiar del colindante barrio del Borgo, donde podrás disfrutar de la auténtica cocina romana. Puedes dedicar la tarde a la visita de los Museos Vaticanos (Musei Vaticani) o a Castel Sant’Angelo
Si eliges visitar los Museos podrás admirar una de las colecciones de obras de arte más importantes del mundo. El primer núcleo de los Museos se remonta al 1500, cuando Julio II (1503-1513) recogió en el patio del Belvedere algunas obras de arte de la escultura clásica, como el Apolo de Belvedere (copia de una estatua de bronce realizada por el escultor griego Leochares entre el 350 y el 325 a. C.) o el Laocoonte (copia del original de Rodas esculpido por Agesandro, Atenodoro y Polidoro). A lo largo del siglo XVI y durante los siglos siguientes, las colecciones vaticanas se enriquecieron hasta tal punto que a partir de 1700 se ordenaron en forma de colecciones organizadas por secciones. Entre las innumerables obras que aquí se conservan merecen una atención especial los frescos de las llamadas Estancias de Rafael (Stanze di Raffaello) y los de la Capilla Sixtina (Cappella Sistina), extraordinarios ejemplos del Renacimiento italiano firmados por Rafael y Miguel Ángel. 
En cambio, si prefieres comenzar el tour de por la tarde desde Castel Sant’Angelo, llega hasta él a través del puente de Sant’Angelo, en su origen Ponte Elio, que fue construido en el 134 por deseo del emperador Adriano con el fin de unir la orilla izquierda de la ciudad – que en la época antigua era la zona habitada – a su tumba, la llamada Mole Adriana. Tras la caída del Imperio romano, la tumba se transformó en una fortaleza por su cercanía a la sede papal y por su posición realzada respecto a la ciudad. Durante siglos, Castel Sant’Angelo mantuvo una función defensiva: desde uno de los baluartes sale un pasadizo fortificado, llamado passetto, que lleva directamente a los palacios vaticanos; en caso de asedio el Papa podía alcanzar rápidamente el castillo, considerado inexpugnable (¡y lo era!). Fortaleza de los Papas por tanto, pero también magnífico ejemplo de arte manierista: todo el apartamento de Pablo III (1534-1549), uno de los más grandes pontífices del Renacimiento, conserva frescos y decoraciones grutescas pintadas por Perin del Vaga, Luzio Luzi y otros discípulos de la escuela de Rafael. Durante muchos siglos fue también una oscura prisión. Aquí se encerraba a todos aquellos que se oponían al poder pontificio. Los romanos solían decir: «Quien posee un Castillo, posee Roma».

Un paseo a lo largo del Tíber te llevará hasta Trastevere, donde podrás pasar el final de la tarde. Trattorías siempre abiertas, bares y locales de moda te guiarán por el corazón de un barrio que, sobre todo por la noche, te muestra su auténtica alma poblándose de artistas callejeros y músicos.

 

DÍA 4   

Piazza del Popolo
Santa Maria del Popolo
Via del Corso
Via del Babuino
Via di Ripetta
Trinità dei Monti
Via dei Condotti
Via Frattina
Via Borgognona
Via delle Carrozze
Via Vittoria
Via della Vite
Piazza Colonna
Palazzo Chigi
Palazzo Montecitorio
Fontana di Trevi
Piazza del Quirinale
Scuderie del Quirinale

Hoy el paseo empieza en piazza del Popolo. Antes de empezar, es obligatorio desayunar en uno de los célebres cafés que la rodean. Por supuesto sentados en las mesas de la terraza: la sensación, si consigues eliminar los coches mentalmente, es la de encontrarse en la Roma del siglo XIX. En el centro de la plaza, rediseñada en estilo neoclásico en 1823 por Giuseppe Valadier, destaca el obelisco – 24 metros de altura – que el emperador Augusto trajo desde Egipto en el 10 a. C. Junto a la Porta del Popolo se encuentra la iglesia de Santa Maria del Popolo. En su interior no te puedes perder la Capilla Chigi (Cappella Chigi), diseñada por Rafael, y la Capilla Cerasi (Cappella Cerasi), donde se pueden admirar dos espectaculares pinturas de Caravaggio: la Conversión de San Pablo y la Crucifixión de San Pedro.

Desde la Piazza del Popolo se abre como un abanico el Tridente: en el centro la via del Corso y a los lados via del Babuino y via di Ripetta. Via del Babuino lleva hasta la Piazza di Spagna y la espectacular escalinata de Trinità dei Monti que, construida entre 1723 y 1726 sobre un proyecto del arquitecto Francesco de Sanctis, acoge a sus pies la llamada Barcaza (Barcaccia), esculpida en la segunda mitad de los años veinte del siglo XVII por Pietro Bernini y su mucho más conocido hijo Gian Lorenzo.

Termina la mañana sumergiéndote en las llamadas calles de tiendas. Via dei Condotti es la calle de la Alta Moda italiana, mientras que durante los siglos pasados era el punto de encuentro de los artistas extranjeros residentes en Roma, que solían encontrarse en el sugestivo Caffè Greco: Goethe, Byron o Wagner fueron clientes de este local abierto en 1760. ¡Recomendamos una pausa-café en el encanto del pasado! Pero no te olvides de via Frattina, via Borgognona, via delle Carrozze, via Vittoria y via della Vite: calles llenas de historia y al mismo tiempo símbolo del glamour y de la elegancia. Las tiendas se suceden atrayendo las miradas con escaparates chispeantes: las mejores marcas de moda no renuncian a tener aquí su espacio, donde refinados vestidos, admirados en las portadas de las revistas de moda más importantes, se confunden con la arquitectura a veces casi austera de los edificios. Si eres un fanático de la elegancia exclusiva, no solo podrás adquirir piezas únicas sino que también encontrarás el servicio personalizado de elegantes sastrerías.

Continúa ahora tu paseo por via del Corso, una calle rectilínea donde en el pasado, durante el Carnaval, se llevaban a cabo las carreras de caballos, donde podrás hacer unas compras más asequibles; aquí tienen sus tiendas las cadenas de ropa de bajo coste aunque siempre atentas a las nuevas tendencias, y las marcas deportivas más famosas. ¡Ha llegado la hora de comer! Puedes hacer una pausa para almorzar en los alrededores de piazza Colonna, donde encontrarás muchos mesones, hosterías y restaurantes que, aunque se inspiran en la tradición de la cocina romana, no renuncian a contaminarla con nuevas influencias provenientes del Slow Food o por la alimentación vegetariana y vegana. La única pega: ¡los precios no son especialmente bajos!

Si atraviesas piazza Colonna verás dos edificios que dan de qué hablar a diario: Palacio Chigi (Palazzo Chigi), sede de la Presidencia del Consejo y, poco más adelante, Palacio Montecitorio (Palazzo Montecitorio), sede de la Cámara de los Diputados. Después seguimos por via del Corso; una pequeña desviación a la izquierda te llevará hasta uno de los lugares más representativos de la ciudad.

Inmortalizada por Federico Fellini en la película La dolce vita, la Fuente de Trevi (Fontana di Trevi) es la fuente más grande y más famosa de Roma. Construida entre 1732 y 1762 sobre un proyecto de Nicola Salvi, su exuberante escenografía se inspira en el tema de la morada del Océano. Estatuas y relieves salen del escollo de travertino que baja hacia la amplia pila, delante de la cual unas gradas curvas con asientos constituyen la cávea que mira hacia un complejo escenario. Lanza una moneda en la fuente y, según la leyenda, volverás a Roma. Las callejuelas alrededor de la fuente están repletas de tiendecitas de artesanía y souvenirs; hay mucho donde elegir. Y hablando de elegir, se dice que para conocer Roma no es suficiente una sola vida. Por lo tanto, es normal que en cualquier itinerario que se proponga es fruto de una selección. No es posible incluirlo todo. Pero no hay que desanimarse.

Por eso nos parece justo terminar nuestro tour con otro lugar emblemático de la ciudad. Está a pocos metros de la Fontana di Trevi, aunque por desgracia para vosotros son cuesta arriba. Via della Dataria desemboca en la piazza del Quirinale, sede del homónimo palacio residencia oficial del Presidente de la República desde 1947, y que desde 1870 era el palacio real de los Saboya tras la anexión de Roma al Reino de Italia. Sin embargo, en su origen el Palacio del Quirinale (Palazzo del Quirinale), construido a partir de los años setenta del siglo XVI y ampliado a lo largo del siglo siguiente por los grandes maestros del Barroco (como Domenico Fontana, Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini por nombrar a los más reconocidos), estaba destinado a ser la residencia de verano de los pontífices. Para visitar el interior del palacio consulta la página web www.palazzo.quirinale.it; ten en cuenta que la reserva debe hacerse con al menos 5 días de antelación.

Si aún te queda algo de energía, si hay alguna muestra que te llame la atención, te aconsejamos que entres en las cercanas Escuderías del Quirinale (Scuderie del Quirinale). Construidas a lo largo de un decenio (1722-1732) con la función de servicio respecto al Palacio mayor, fueron transformadas en 1999 en unos exclusivos espacios expositivos tras una cuidada campaña de restauración y restructuración. Hay que señalar que los viernes y los sábados las Escuderías están abiertas hasta las 22.30.

Tras degustar un aperitivo en la bonita cafetería (situada en el piso intermedio) podrás pasar el resto de la tarde de forma diferente. Una vez terminado el recorrido de la visita, no te pierdas las magníficas vistas a la ciudad que se disfrutan desde la cristalera diseñada por Gae Aulenti con ocasión de las obras de finales del siglo XX.

 

DÍA 5

Basilica di San Paolo fuori le mura
Centrale Montemartini
Il palazzo dipinto da Blu
Piramide Cestia
Colosseo
Vittoriano
Musei Capitolini
Piazza del Campidoglio
Mercati di Traiano, Museo dei Fori Imperiali

Si llegas desde el Aeropuerto de Fiumicino o desde el puerto de Civitavecchia, o si quieres ver cosas un poco diferentes, te recomendamos un itinerario que te mostrará los diferentes matices de nuestra ciudad. Teniendo en cuenta la menor accesibilidad a pie de este recorrido, te damos también algo de información sobre cómo moverte. Tanto si llegas desde Fiumicino como desde Civitavecchia, es preferible coger el tren regional (línea FL1 desde el Aeropuerto, FL5 desde Civitavecchia) y bajarse en la estación Ostiense. Desde aquí coge el metro (línea B dirección Laurentina) hasta la parada Basílica San Pablo (Basilica di San Paolo), y en pocos minutos estarás delante de la Basílica de San Pablo Extramuros (Basilica di San Paolo fuori le mura), uno de los lugares más importantes de la Roma cristiana. Por desgracia, el incendio del 15 de julio de 1823 causó el derrumbe de gran parte de su estructura antigua. Lo que hoy vemos es el resultado de una reconstrucción comenzada en 1825 y terminada en 1854 que la reprodujo bastante fielmente, es decir, una basílica paleocristiana de tres naves separadas por arcos de medio punto. Por suerte, el área del presbiterio se salvó de las llamas, y con ella también extraordinarias obras de época medieval, como el ciborio de Arnolfo di Cambio (1285) y el candelabro pascual obra de los Vassalletto. Tampoco sufrió grandes daños el claustro de la primera mitad del siglo XIII, típica expresión del llamado arte cosmatesco romano.

Tras haber visitado San Pablo Extramuros, dirígete hasta la Centrale Montemartini. Vuelve a coger el metro en dirección Rebibbia/Conca d’Oro, bájate en la parada de Garbatella y sigue las indicaciones para la Central. Esta sede expositiva se acondicionó, como su nombre indica, en el interior de la antigua Central Termoeléctrica Giovanni Montemartini a partir de 1997, cuando se organizó una muestra titulada «Las máquinas y los dioses» con las numerosas esculturas que allí se trasladaron con ocasión de la restructuración de algunos sectores de los Museos Capitolinos. En un sugestivo juego de contrastes, se expusieron junto con viejas maquinarias de producción algunas obras de arte de escultura antigua (como la llamada Musa pensativa o el Togado Barberini) y valiosos mosaicos de principios del siglo IV. El complejo museístico, que en un principio fue concebido como algo temporal, se transformó en permanente en 2005.

Si estas dos primeras etapas ya han ocupado gran parte de la mañana, ve hasta via del Porto Fluviale (a dos pasos de la Central Montemartini) donde encontrarás muchas opciones para el almuerzo: desde locales slow food y étnicos hasta vinerías de moda. Pero primero no olvides observar el edificio pintado para Blu (via del Porto fluviale, esquina com via delle Conce), arte callejero italiano de fama internacional. En el edificio, antiguo cuartel de la Aeronáutica Militar ocupado en 2003, dominan ahora 27 rostros enormes. Las ventanas se han convertido en los ojos de estos personajes que se inspiran en el mundo de los cómics y de la gráfica tanto por el uso de colores chillones como por el tipo de dibujo.

A primera hora de la tarde puedes empezar con un bonito paseo hasta la Pirámide Cestia, que se alza a casi 37 m de altura en la parte occidental de piazzale Ostiense. Es el monumento sepulcral de Cayo Cestio Epulone, un personaje destacado de la Roma pre-augusta. Fue construida en 330 días (de hormigón, ladrillo y placas de mármol de Carrara) por los herederos del difunto que si no, habrían perdido su rica herencia, como recuerda la inscripción esculpida en la cara oriental del monumento. En el interior hay una pequeña cámara funeraria cerrada por una bóveda de cañón en su origen decorada con frescos de estilo pompeyano. El tamaño de la cámara funeraria constituye poco más del 1 % del volumen total de la pirámide que, comparada con las egipcias, resulta mucho más esbelta. Desde que Egipto se convirtió en provincia romana a partir del 30 a. C., su cultura artística penetró de una manera capilar en la Urbe, como ya había ocurrido aunque de forma mucho más sustancial en el caso de Grecia, anexionada definitivamente al Imperio romano en el 27 a. C.

Desde aquí coge de nuevo el metro hasta la parada de Piramide (línea B dirección Rebibbia/Conca d’Oro) y bájate en Coliseo. Tras haber visto al menos exteriormente el monumento más representativo de Roma (si quieres profundizar la visita mira el tour «1 día» de esta guía), dirígete hacia via dei Fori Imperiali, al final de la cual encontrarás Piazza Venezia, dominada por la mole marmórea del Vittoriano. La construcción del monumento dedicado al Soldado Desconocido se llevó a cabo entre 1885 y 1905; el diseño es obra del arquitecto Giuseppe Sacconi.

Desde aquí tienes dos opciones para concluir esta intensa jornada descubriendo Roma. Primera opción: ¡visita a los Museos Capitolinos (Musei Capitolini)! A la derecha del Vittoriano se sube a la piazza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel por encargo de Pablo III a mediados del siglo XVI. En el centro de la plaza está ubicada la copia de la estatua de bronce de Marco Aurelio. La original, tras una restauración reciente, está expuesta en el interior de los Museos en un nuevo espacio denominado Exedra que representa una prestigiosa realización arquitectónica moderna en el ámbito del complejo museístico formado por dos edificios históricos: Palacio Nuevo y Palacio de los Conservadores, símbolos desde la Edad Media del poder civil de la ciudad. En el interior del Palacio de los Conservadores podrás admirar en el llamado apartamento de los Conservadores esculturas de arte antiguo y frescos manieristas, y subiendo hasta el segundo piso no te puedes perder la completa Pinacoteca con obras de, entre otros, Caravaggio, Carracci y Domenichino.

Segunda opción: visita al Museo de los Foros Imperiales, Mercado de Trajano  (Mercati di Traiano - Museo dei Fori Imperiali) que ofrece unas vistas privilegiadas a los Foros, ya que constituye el acceso norte. El montaje reconstruye mediante tecnología multimedia las volumetrías y las funciones de los diferentes edificios del foro encargados durante el imperio, construidos en continuidad topográfica con el Foro Romano de época regio-republicana y en sustitución religiosa, política y administrativa.

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