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Gian Lorenzo Bernini

Medusa - Bernini

La obra de Gian Lorenzo Bernini (1598 – 1680) marcó la historia artística del siglo XVII en Roma; con él la ciudad adquirió la fisionomía barroca que aún hoy predomina.

Algunas obras maestras de Bernini se pueden admirar sin ningún coste; el único compromiso es un agradable paseo por la ciudad histórica.

El itinerario empieza de la iglesia de Santa María de la Victoria, en via XX settembre, esquina con largo Santa Susanna.

El interior de la iglesia, de nave única, ofrece uno de los ejemplos más ricos de decoración barroca por la riqueza de los mármoles, los estucos y los frisos. En el transepto izquierdo se encuentra, dentro de la capilla Cornaro, el grupo escultórico más poético de Bernini: el Éxtasis de Santa Teresa. La obra aparece como suspendida en el espacio, en un firmamento nublado iluminado por rayos dorados, un ángel sonriente apunta una flecha al corazón de la santa, inundada por el éxtasis. La capilla Cornaro (1644 – 1652) es una de las obras maestras de Bernini, especialmente por lo que concierne el sabio uso de los efectos misteriosos y escenográficos de luz oculta, que se aprecian especialmente por la tarde.

Prosiguiendo a lo largo de via del Quirinale, se llega a Sant’Andrea al Quirinale(1658 – 1671). La iglesia, de forma elíptica, rica en mármoles polícromos, decoraciones doradas y estucos, es una joya de armonía arquitectónica, decorativa y pictórica. 

Aunque pequeño, el interior de Sant'Andrea emana un sentido de grandiosidad, intensificado y realzado por los colores ricos de los mármoles en la penumbra del cuerpo de la iglesia; el efecto mágico resalta observando la estatua de San Andrés, que parece estar a punto de abandonar la iglesia para subir al cielo.

La etapa siguiente es la cercana piazza Barberini: en el centro se admira la inconfundible y espectacular Fuente del Tritón (1642 – 1643). Bernini utilizó travertino en vez del mármol habitual. Cuatro delfines, con las bocas rozando el agua de una cuenca, sostienen con la cola el escudo de los Barberini y las valvas abiertas de una gran concha, en la que está acuclillado un tritón que, soplando una caracola, envía un chorro de agua hacia el cielo.

La cercana fontana delle Api, (fuente de las abejas), que se encuentra en la esquina de via Veneto, es menos llamativa, pero igualmente deliciosa. El agua cae en una pila con forma de concha, donde las abejas heráldicas de la familia Barberini se posan para aliviar la sed.

Ahora nos desplazamos a la escenográfica Plaza Navona

La fuente central, la Fuente de los Cuatro Ríos (1651), es una de las obras más fantasiosas de Bernini. En el centro de una cavidad redonda se levanta un acantilado escavado por cuevas, desde el cual salen un león y unos animales fantásticos para beber de la pila. En el acantilado están sentadas las personificaciones de los ríos Nilo, Ganges, Danubio y Río de la Plata, símbolos de las cuatro partes del mundo conocidas en la época. Sobre el acantilado, Bernini levantó un atrevido obelisco.

Nuestra ruta termina en la majestuosa Plaza de San Pedro (1656 – 1667). Dos columnatas semicirculares, cada una constituida por cuatro filas de columnas dóricas, delimitan un enorme espacio ovalado. La columnata, según la idea de Bernini, debía representar los brazos maternales de la Iglesia. Los peregrinos, al llegar desde las callecitas tortuosas de la zona, sentirían una sensación de maravilla e incluso sumisión ante el inmenso espacio abierto.

Aquí se pueden observar todas las columnas perfectamente alineadas y, para hacerlo, es necesario encontrar los discos de hierro.

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