Un descanso gastronómico rápido al aire libre. La comida de calle últimamente se ha convertido en una agradable costumbre, pero Roma cuenta con una sólida tradición en la materia. Ante todo, la pizza. Caminando por la ciudad, no se puede no observar el número realmente considerable de pizzerías al corte. Está claro que la cantidad no siempre va de la mano con la calidad, pero para no equivocarse es suficiente confiar en el boca a boca. Los tipos de pizza, en pala o en bandeja, ya son innumerables, pero sobre los gustos personales no hay nada que decir. Nos permitimos un único consejo: la pizza de las panaderías.  Roja y blanca.

La primera con trocitos de tomate y un poquito grasa: muy sabrosa. La segunda de color dorado, recuerdo de recreo de cualquier estudiante, puede sustituir al pan. Se puede rellenar usando la imaginación, pero la combinación perfecta es con la mortadela, conocida en Roma como “mortazza”. El hambre repentino se puede calmar entrando en una “rosticeria”. Se puede optar por los “supplì”, de forma ovalada, rellenos de arroz y mozzarella; se rebozan y se fríen. La mozzarella se funde al cocerse y, al comer, forma el clásico hilo; por este motivo, este manjar se conoce como “supplì al telefono”.

Como alternativa al supplì, o aun mejor juntos, se puede elegir un calzone frito o, si lo preferimos más ligero, al horno. Se prepara con la misma pala que se utiliza para la pizza. La masa se cierra sobre sí misma, con forma de media luna.  En la ciudad, el relleno más común es el de mozzarella con jamón de york. También queremos presentar otros dos fritos, testimonios de la cultura culinaria judío-romana, realmente suculentos: los filetti di baccalà (filetes de bacalao) y las (fiori di zucchina) flores de calabacín. Se trata de alimentos para chuparse los dedos, entre otras cosas porque gotean algo de aceite.

Inolvidables. Los filetes de bacalao se echan en aceite hirviendo tras rebozarlos. Las flores de calabacín, que deben ser muy frescas, se rellenan con mozzarella y anchoas. Para terminar, una pausa refrescante con la grattachecca. En la ciudad, se puede probar en los quioscos de la calle, que casi siempre abren sólo en verano. La grattachecca es lo más sencillo que se puede imaginar: hielo triturado y sirope de sabores, incluso mezclados, a elegir. Pero hay que avisar de algo: el hielo no se debe triturar con batidoras, sino que se raspa de barras de hielo con un instrumento manual especial. El resultado podría resultar igual a simple vista, pero para el paladar es completamente diferente.